Ingenuo, ¡qué ingenuo fui! Pensé que te tenía, y quizás me tuvieras tú a mí. Fui una marioneta del tiempo que viví pensando que no hubiera -en este mundo o en otro- hombre más feliz. Pero pasó el tiempo, y ahora... si no creo, no veo, pues vi cómo un halcón se alimentaba a diario de las entrañas de mi creación. Vi cómo se derritieron mis alas de cera frente al sol de mi imaginación, y a mi último galeón, portador en toneles de mi fantasía, vi naufragar a las puertas de mi imperio, vi en un segundo un milenio y distinguí sobre la yerma nada las ruinas de los altos muros de mi ingenio. Al cabo nada queda, salvo absoluto desconocimiento de tu figura -si la hubiera- ¿Acaso eres real o es esto un juego? Juego que acabas de inventar; y si las normas son de tu puño y letra, ahora entiendo por qué puedo y no puedo, por qué te veo y no te veo... lo que ha sido, lo que fue; ¡un pasatiempo!
Respuesta:
Soy etérea e intangible, soy indomable, soy todo y nada, soy todos y nadie; no me tienes... no te tengo.
- Gonzalo Briones Ramírez