sábado, 6 de junio de 2015

A la gitana que lloraba en la feria de abril

A la gitana que tras un árbol lloraba sola
en el albero de la feria de abril.

A la humilde soledad de las amapolas, en 
sus manos resquebrajadas por el amor febril.


A su flor carmín, su rostro virgen, su frágil
cuello y su blanca piel. A sus espartos 
rotas, a sus pies descalzos en duelo, 
y a la desilusión expuesta en gotas.

A sus lágrimas albinas sin enjugar 
y al encanto. A los volantes de 
su traje de flamenca, a los farolillos 
de luto, en el rojo, rojo
desconsuelo del llanto. 

Su tristeza era la mía,
me miró y pude ver sus ojos
vestidos de agonía:

-¿Por qué lloras? Dije con mi voz infantil.
-Por nada. Contestó esbozando alegría,
mostrando con rubor su grato perfil.

No he vuelto a verla, no sé quien 
era, no sé su nombre, no sé porqué 
lloraba. Solo sé que lloraba, solo 
que sigo a su espera.

A la gitana que lloraba en la feria de abril.


SSR