en el albero de la feria de abril.
A la humilde soledad de las amapolas, en
sus manos resquebrajadas por el amor febril.
A su flor carmín, su rostro virgen, su frágil
cuello y su blanca piel. A sus espartos
rotas, a sus pies descalzos en duelo,
y a la desilusión expuesta en gotas.
A sus lágrimas albinas sin enjugar
y al encanto. A los volantes de
su traje de flamenca, a los farolillos
de luto, en el rojo, rojo
desconsuelo del llanto.
Su tristeza era la mía,
me miró y pude ver sus ojos
vestidos de agonía:
-¿Por qué lloras? Dije con mi voz infantil.
-Por nada. Contestó esbozando alegría,
mostrando con rubor su grato perfil.
vestidos de agonía:
-¿Por qué lloras? Dije con mi voz infantil.
-Por nada. Contestó esbozando alegría,
mostrando con rubor su grato perfil.
No he vuelto a verla, no sé quien
era, no sé su nombre, no sé porqué
lloraba. Solo sé que lloraba, solo
que sigo a su espera.
A la gitana que lloraba en la feria de abril.
SSR
SSR