miércoles, 25 de noviembre de 2015

Carta

Madre,

         Le dejo esta carta en el recibidor de casa para decirle que me he marchado y que pretendo no volver en un largo tiempo. He decidido tomar camino propio, hacia lo más lejos posible, alejado de familias, tradiciones, opiniones sentenciarias y, en definitiva, de gente conocida. Marcho a un lugar que ni yo conozco para estar seguro de que nadie me sigue.

      Creí que era intocable, inmarcesible; ingenuo, creí durante mi tiempo que nada me derrumbaba, que estaba hecho de un joven acero en temple que, una vez forjado, sería incorruptible y eterno.

      Intenté bogar a contracorriente mucho tiempo y ahora mi gobernalle ha quebrado. He estado, madre, en una cruenta guerra conmigo mismo durante largo tiempo de la que soy único mártir y sobreviviente. No quedan más que escombros calcinados por el hastío en mi alma y por ello, madre, marcho a reconstruirla o buscar una nueva.

      Dígale a Altea y a Casiana que las quiero y las echaré de menos; a Tirso dígale que algún día volveremos a jugar con nuestras espadas de madera a caballeros y dragones y que deberá, para entonces, haberse hecho un hombre. Dígale a padre que rezaré por él todos los días, que jamás dejaré de admirar su fuerza y que nunca podré agradecerle lo que me enseñó.

      Madre, no tengo más palabras para la mujer que me trajo al mundo. Sólo sepa que la quiero y que siempre la tendré en el recuerdo por lejos que marche.

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