Bien quisiera yo, que esas pestañas,
que tus ojos cierran a su albedrío,
y como un tempestuoso aquilón
por el que ya suspirase el bardo de albión,
siempre con un pie en tierra y otro en abiso,
rindiéranse a mi hasta el quebrar del alba.
-Gonzalo Briones Ramírez
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